¿Fui, soy y seré el imán de una relación que al final lastima?
Los días pasaron, la culpa y el dolor disminuyeron poco a poco; o en realidad no sé si en verdad eso paso o simplemente el caminar del reloj y la penitencia de mi gran estupidez lo disfrazaron… ahora ésta es mi vida…
Cuando te encuentras entre la espada y la pared y las miradas y los susurros de los demás te carcomen y te hieren en lo más profundo de tu ser, no te queda otra que empezar a buscar el bien común de tu nuevo personaje. Así que por arte de magia empiezas a jugar un rol, que no sé si te queda, por que no tienes ni la más puta idea de cómo hacerlo, pero la vida nos tiene noticias; de la noche a la mañana te conviertes en “ama de casa” que título tan amenazador pues implica un millón de responsabilidades más un montón de dudas que tienen de trasfondo un compromiso que con el tiempo mata a la pasión dando vida a nuestra propia tumba (silencios, olvido, soledad, abandono y un sin números de lágrimas atascadas en nuestra garganta) y en ocasiones a eso le llamamos matrimonio.
Cuando era una puberta o mejor dicho mucho antes, intentaba hacer las cosas de la mejor manera, a decir verdad era muy obsesiva con todo lo que tenía que ver con la escuela, siempre tenía en mente ser la mejor; creo que desde ahí empecé con mi propia pérdida y le di alas a las expectativas de los demás, hasta dónde llegaría o podría llegar. Grave error lectoras pues cargas con ese peso toda tu vida, aterrador pero cierto empiezas a dejarte a un lado e inicias un nuevo camino en donde lo único que importa son los aplausos de los demás hacia lo que haces, y ¿saben algo? El trasfondo de todo esto es una muy baja autoestima en donde tienes la enorme necesidad de la aprobación de los demás. Así que esta bola de nieve cada vez se hizo más y más grande hasta que ya no pude controlarla y como era de esperarse fallé y decepcioné a quien más amor y apoyo me han dado. ¡Mis padres!
Pero regresemos a mi nuevo estilo de vida, como era de esperarse ante esta autoexigencia me propuse después de esa gran falla ser la mejor ama de casa, esposa y compañera, pero nuevamente caí en el error de olvidarme para ser la mejor ante los ojos de él, ¡pésimo! Ya que hasta ahí aprendí y comprendí que NUNCA serás lo suficientemente buena para una persona narcisista que cree que por el simple hecho de existir tiene el derecho de menospreciar la vida de los demás. Y más aún cuando dejas de ser ese “juguetito nuevo”, donde todo es belleza. Recuerdo que con mi panza todo mi cuerpo empezó a cambiar… ¡Dios! Vaya qué transformación; adiós cinturita, piel de porcelana, cabello largo y sedoso, pies de princesa y bienvenidas estrías, flacidez, rollitos, paño, cabello opaco y poco (se cae como no te puedes imaginar) ahhh y cómo olvidar pies anchos, me imagino antes del embarazo a una Princesa como los cuentos de hadas y después como a Fiona la princesa de Shrek y no es por ofender pero a mí me pegó mucho mi físico después de haber sido mamá, saben no soy la clase de persona que juzgue a los demás por su exterior pero cuando tu peor enemigo vive contigo y se encarga de decirte todos los días que estás fea, gorda y con mil estrías y que de ahora en adelante no serás atractiva para nadie, no te queda otra que empezar a girar en esa errónea imagen, se los prometo estuve peleada con el espejo por mucho tiempo, me enojaba, me entristecía, me frustraba verme de cuerpo completo ya que lo único que podía ver era esa mujer deshecha, desconsolada, lastimada, destrozada con muchos kilos encima y una nula autoestima, así es; esa era yo, y así viví por más de dos años encerrada en lo más hondo de mi ser, la luz y el brillo que en algún momento irradiaba se habían apagado, de igual manera mis sueños, mi sonrisa y mis enormes ganas de ser alguien especial en esta vida, me sentía hundida, me es muy triste recordar que ante los demás todo estaba “bien” yo tenía la familia que había soñado y era inmensamente ¿feliz? Cómo aprendes a ponerte disfraces para que los demás no se den cuenta que tan bajo has caído y que en realidad tu vida se desmorona poco a poco al pasar de los días.
Que fuerte lo que voy a confesarles pero le puse una carga emocional tan inmensa a mi hija que se volvió mi luz, mi calor (literal ella me calentaba por las noches pues en aquel entonces mis pies eran helados y por ser tan “fea y gorda” no era merecedora de dormir acurrucada con mi “príncipe azul”) desde entonces ella se volvió mi compañera y recuerdo que en una noche fría ante el resplandor de la luna le prometí que jamás volveríamos a sufrir tanto dolor como el que estábamos viviendo, con los años me di cuenta que en ese momento me volqué hacia ella al mil, júzguenme pero en verdad lo necesitaba, no tenía las fuerzas suficientes de enfrentarlo a él y decirle que esa historia de amor ya había llegado a su final, no sé qué me mantenía ahí, no recuerdo el imán que me atraía a seguir en esa tormenta, después de tanta ofensa verbal y psicológica yo siguiera atada a él sin tener una cuerda.
Después de tantos años llego a la conclusión de que sigues ahí porque te vuelves presa de tu príncipe azul, dejando que el lobo disfrute de la inocencia de aquella caperucita que simplemente creyó en él.
Que difícil pero todas tenemos una historia, espero la continuación, gracias
ResponderBorrarAsí es y sería maravilloso que nos la compartieran es de mucha ayuda escribir y claro que continuará
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