Especulé inocentemente que ya había pasado lo más fuerte; que al firmar los papeles todo se desvanecería y el dolor desaparecería como arte de magia, pero a veces la vida considera que debes de aprender aún más cosas; por lo que no permite que ciertas emociones te dejen tranquila, y estaba muy equivocada al creer que todo aquello había llegado a su fin.
Me sentía con alas de metal por todas aquellas batallas peleadas pero nadie te dice que después de estar exhausta debes de prepárate porque empiezan los preparativos de la invasión más importante de tu vida que es aquella lucha continua contigo misma.
Empiezas a tener conflictos con lo que es y con lo que debería ser, con lo que quieres y con lo que en realidad tienes, con tu pasado que mancha incisivamente tu futuro, con tus valores y con lo que en realidad debes de hacer.
En ese momento no solamente estaba enojada conmigo también con las personas que estaban a mi alrededor, con Dios y con la propia vida, no entendía por que me había pasado toda esa tragedia a mi, ahora me detengo y después de tantos años veo las cosas tan diferentes, no fue una tragedia, fue una bendición disfrazada de tragedia en su momento, ya que puedo decir que a pesar de mi vida en la actualidad no es “perfecta” es lo más parecido a lo que siempre soñé.
Pero regreso a aquel momento donde al parecer todo empezaba a tomar otra forma pero en realidad parecía que empeoraba, ya que después de rota, dejada y señalada por varias personas de mi círculo social, por que hay que hablar con las netas y lo peor que te puede pasar siendo MUJER es ser divorciada, ante los ojos de la sociedad y en especial ante los de las mujeres te vuelves un peligro, tus “amigas” se alejan de ti, probablemente por miedo a que veas a su marido de otra forma, familiares que te señalan y se regocijan ante tu dolor, “amigos” o ex parejas que solo te buscan para un acostón y para nada serio, sin embargo nadie de ellos sabe que lo único que están creando dentro de ese ser que se percibe destrozado y destazado es un remolino que contiene pura valentía y las ganas enormes de salir adelante con al frente más que en alto. Así que gracias, gracias infinitas a todos aquellos que pusieron su granito de arena para seguir hundiéndome; porque eso fue lo que más fuerza y valor me dio para demostrarme a mí misma de que estoy hecha y qué tan lejos puedo llegar.
Sin embargo para que aquello se volviera una realidad tuve que seguir retorciéndome en mi dolor, recuerdo que el primer fin de semana él llegó por Lia con su nueva pareja, no olvidemos que fue la misma chica con la que llegó al juzgado.
Nunca entendí la satisfacción que ella mostraba en su cara al verme como en aquel entonces me veía… hundida y completamente gris es decir sin chispa alguna de arreglarme o querer ponerle color a mi vida.
Dulce; creo que nunca olvidaré ese nombre, saben una mujer hermosa por cierto joven, ojos color verde, con un cuerpo de princesa… pero toda esa belleza se nublaba al ver la maldad en su cara; me imagino que creía que en ese lapso había ganado la guerra. Saben nunca me importaron sus intenciones, era más fuerte mi dolor que el efecto que tenían sus comentarios con doble sentido y con tanto dolor.
En aquel tiempo lo único que me ocupaba era ver a Lia tranquila y feliz, lo demás me valía un pepinillo completo.
El hueco que sentía en el estómago poco a poco cesó, pasaron lo días como agua y eso ayudó a sanar todas las heridas, el ver a Dulce cada fin de semana se volvió una costumbre y al ir recuperando y encontrando cada pieza de mis ser me ayudó a aceptar lo que estaba sucediendo, empecé a admitir a la nueva pareja de él en la vida de mi hija, el pasar fines de semana rodeada de la gente que más me ama y que siempre han estado ahí para darme ese pequeño golpe en la espalda y sin decir una sola palabra me dió una razón para seguir caminando mi sendero.
Empecé a leer mucho, devoraba los libros de autoayuda los cuales me dieron las herramientas necesarias para empezar a pensar en mi, logre superar varios de mis miedos e inseguridades como el ir a desayunar sola, el quedarme sola en casa los fines de semana, el estar en reuniones familiares, el poder ver a los ojos fijamente a las personas cuando me preguntaban por él y nuestra fallida relación, pero también se vino una lluvia de cosas extraordinarias, me entregue al cien a mi maestría, lo que ayudó a mejorar el rendimiento académico, disfrutaba los pequeños detalles de la vida y pude empezar a respirar sin sentir ese nudo en el pecho. En conclusión pude empezar a vivir nuevamente.
Gracias por compartir
ResponderBorrarUna verdadera mujer ,fuerte y valiente ,cada vez te admiro más
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